Mostrando entradas con la etiqueta oposicion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta oposicion. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de agosto de 2011

Gorila siempre fue el que se creía más inteligente que el pueblo


Tremendas y contudentendes definiciones de un histórico dirigente del PJ:

"Gorila siempre fue el que se creía más inteligente que el pueblo y se enojaba con el pueblo por el voto de la gente. Cuando la gente vota por ellos, es un pueblo maravilloso y cuando vota en contra, que es el derecho esencial de la democracia es decadente. Estamos en un sectarismo tal que todas las virtudes están en manos del Gobierno y todos los defectos en manos de los que no los quieren. Y en esa actitud, son cada vez más los que no los quieren".

Tengamos presente, entonces, estas palabras llenas de sentido común al leer las declaraciones de las iluminadas mentes del Kirchnerismo obsecuente. Como las expresadas tras el triunfo de Macri (right here), o las nuevas que se producen tras la buena performance de Del Sel (como aquí).

Don Julio (el bueno) estuvo anoche en C5N, junto al filósofo Ricardo Forster. Hay que reconocer que todos podemos tener una mala noche, pero la intervención del intectual de voz profunda y de habla complicada, fue decididamente deslucida (*)... Vean, sino, cómo termino el debate con Bárbaro:

"Esperemos a (NdE, se refiere a las elecciones) Buenos Aires y los votos a Scioli", le espetó como respuesta por las bajas performances en CABA y en Santa Fé, y otorgó, así nomás, toda la reserva del Kirchnerismo al motonauta que llegó a la política de la mano de Menem, y a quien han ninguneado reiteradas veces desde el 2003.

(*) Nuestras impresiones del debate, en vivo, las fuimos comentando en Twitter.

miércoles, 3 de agosto de 2011

El deshielo oficial

Pocas horas después de la derrota en la capital, el kirchnerismo comenzó a evidenciar nuevos deshielos en su núcleo político. El primero en desprenderse casi con perfecta autonomía fue el piquetero y ex funcionario kirchnerista Luis D´Elía, que volvió a llevar a las calles la protesta social que sus ¿ya antiguos? aliados políticos en el gobierno nacional habían domesticado hasta convertirlo en una patota de reacción contra manifestaciones opositoras.

Crítico duro frente al kirchnerismo desde su cuenta en Twitter y abierto a los ojos de los medios, D´Elía, quien todavía manifiesta en público su apoyo a una reelección de Cristina Fernández, marchó por el centro porteño repudiando la represión mortal de las fuerzas de seguridad jujeñas sobre las familias que ocupaban los ingenios de la familia Ledesma, una cuestión de la cual el kirchnerismo duro de Olivos ya tomó distancia. “Fue un grave error haber ido a ballotage. Regalarle este escenario a la derecha 15 días antes de las primarias fue absolutamente innecesario”, escribió el ex funcionario kirchnerista, sacando a la luz las críticas que muchos, alrededor de la misma presidenta, prefieren mantener en silencio.

Aníbal Fernández, por su lado, profundizó desde su rol de voz cantante del Gabinete nacional la teoría del “aquí no ha pasado nada”, minimizando el panorama de un ballotage cada vez más latente para octubre bajo la consigna de que aún el kirchnerismo es “la primera fuerza nacional”.

Las elecciones primarias del 14 de agosto, sin embargo, continúan nuevamente bajo discusión luego de que la jueza Servini de Cubría declarara que “peligran las primarias”. Por ese motivo, el Ministro del Interior Florencio Randazzo volvió a reunirse con la magistrada, aunque todavía sin definiciones acerca de cuál podría ser, hoy por hoy, la verdadera performance electoral de un oficialismo que, hasta hace pocas semanas, se consideraba ganador indiscutido.

Incluso desde el costado “intelectual” del kirchnerismo volvieron a escucharse las críticas del deshielo, por parte del filósofo Ricardo Forster, quien repitió, como antes del ballotage, que “faltó construir un proyecto más firme”.

La cuota de deshielo kirchnerista más impensada, sin embargo, llegó por parte del propio Daniel Scioli, quien habría abandonado su rictus de sometimiento absoluto a los caprichos de CFK para trazar lo que, según ya circula en algunos sitios de noticias, podría ser un “pacto Scioli-Macri”, en obvia referencia al 2015. Una fecha para la que los dos políticos parecen ahora recobrar una seria proyección presidenciable, cuando el kirchnerismo ya no pueda soñar con más reelecciones.

martes, 2 de agosto de 2011

¿Te acordas?

En 2001 el sistema político atravesó por su peor crisis desde el retorno democrático: el país tuvo cinco presidentes en 10 días, una noticia que dio vuelta al mundo. Ramón Puerta, senador por Misiones, había ocupado el primer lugar en la línea de sucesión, puesto vacante por la renuncia de Carlos “Chacho” Alvarez a la vice-presidencia. Cuando Fernando de la Rúa renunció, Puerta asumió y convocó a una Asamblea Legislativa para elegir al sucesor: entonces el misionero fue presidente por tres días. Después llegó el turno de Adolfo Rodríguez Saá, votado gracias a un acuerdo de los gobernadores. Debía convocar a elecciones para el 3 de marzo de 2003, pero Rodríguez Saá, gobernador de San Luis durante 18 años, renunció por televisión desde su provincia. Llegó entonces Eduardo Camaño, que ocupaba desde hacía tres semanas la presidencia de la Cámara de Diputados, quien fue designado presidente de la Nación el 31 de diciembre y duró hasta el día siguiente por la mañana. Armó un gabinete para unas horas y pasó la noche de Año Nuevo en la Casa Rosada. El 1º de enero, la Asamblea Legislativa eligió presidente a Eduardo Duhalde.

“Esta gestión que hoy mismo comienza su tarea, se propone lograr pocos objetivos básicos: primero, reconstruir la autoridad política e institucional de la Argentina; segundo, garantizar la paz en Argentina; tercero, sentar las bases para el cambio del modelo económico y social.” (Del Discurso de Asunción ante la Asamblea Legislativa 01.01.2002)

A principios de 2003, todos los estudios de opinión pública le asignaban al Dr. Eduardo Duhalde un elevado porcentaje de imagen positiva, lo que llevó a una gran parte de la ciudadanía, incluidos dirigentes de distintos partidos políticos, a pedirle que reviera su promesa de no participar en las elecciones. Sin embargo, su decisión de cumplir con la palabra empeñada fue inamovible y el 25 de mayo del 2003 traspasó la banda presidencial al Dr. Néstor Kirchner, candidato electo por el voto popular.

El dólar, que había llegado a la cifra de $4,00 en marzo de 2002, con predicciones descabelladas que llegaron hablar de una relación en el futuro inmediato de 20 a 1, se estabilizó a $2,88 a fines de mayo del año 2003. La desaceleración de la inflación en febrero de 2003 significaba un hecho palpable en el bolsillo de los argentinos. Los bancos seguían recuperando sus depósitos y se logró recrear un clima de confianza entre los inversores, que se había perdido por la magnitud de la crisis.

A fines del 2001 el total de desocupados y subocupados oscilaba en un 35%, con una clara tendencia hacia el aumento. Luego de dos años de gestión, se logró revertir está situación, reduciendo en varios puntos las respectivas tasas. Gracias a la implementación de los planes Jefas y Jefes de Hogar, se aseguró que 2.200.000 familias (el 25% de las familias del país) salieran de la injusta situación de indigencia en la que se encontraban a fines de 2001.

El 25 de mayo de 2003, tal como había prometido al hacerse cargo de la Presidencia de la Nación, el Dr. Eduardo Duhalde entregó a su sucesor una Argentina en la que el nuevo rumbo económico, basado en la alianza con los sectores de la producción y el trabajo, ya comenzaba a arrojar resultados visibles.

Una Argentina en la que la mayoría de los indicadores de la macroeconomía superaban los pronósticos de los más optimistas. Sin embargo, lo más importante era que la realidad demostraba que el País estaba atravesado por la fe y el optimismo; y la exclusión social, el desempleo y los enfrentamientos parecían en franco camino a su extinción.

En síntesis, en poco más de un año de gobierno, el Dr. Eduardo Duhalde cumplió con aquello que había prometido en su discurso de asunción, cuando en medio del caos, el pesimismo y la incredulidad, dio su palabra de entregar a quien lo sucediera en el cargo “una Argentina de pie y en paz”.